Regresa a casa tras 85 años: los restos de Manuel León Gómez, víctima del franquismo, ya descansan en Valenzuela de Calatrava

Regresa a casa tras 85 años los restos de Manuel León Gómez, víctima del franquismo, ya descansan en Valenzuela de Calatrava

Más de ocho décadas de incertidumbre, silencio impuesto y una búsqueda incansable han concluido este viernes en Valenzuela de Calatrava. Los restos mortales de Manuel León Gómez, vecino de la localidad y víctima de la represión de posguerra, han regresado finalmente a su tierra natal. El acto representa uno de los hitos más significativos de la reciente política de memoria democrática en la región, al rescatar del anonimato a uno de los miles de represaliados que fallecieron en el sistema penitenciario del primer franquismo.

La entrega oficial de los restos ha sido realizada por el Gobierno Vasco, tras los trabajos de exhumación e identificación técnica llevados a cabo en el cementerio de Orduña (Bizkaia). En la ceremonia, celebrada en el Ayuntamiento del municipio de Valenzuela de Calatrava, han participado la consejera de Justicia y Derechos Humanos del Gobierno Vasco, María Jesús San José; el vicepresidente segundo del Gobierno de Castilla-La Mancha, José Manuel Caballero; y el alcalde de Valenzuela de Calatrava, Honorio Cañizares, junto a una emocionada representación de los descendientes de Manuel León.

De la cárcel de Almagro al olvido en el frente del norte

La historia de Manuel León Gómez es el crudo relato de miles de españoles tras el cese de las hostilidades en 1939. Natural de Valenzuela, casado y padre de dos hijos, su vida dio un vuelco dramático el 1 de mayo de ese mismo año, cuando fue detenido y trasladado a la Prisión Provincial de Almagro. Allí, bajo la acusación de “adhesión a la rebelión”, fue condenado a una pena de 30 años de prisión en un proceso carente de garantías legales.

El rigor de la represión lo llevó, en diciembre de 1939, a la Prisión Central de Orduña, un enclave que se convirtió en sinónimo de sufrimiento para los prisioneros del bando derrotado. Manuel falleció allí el 19 de abril de 1941, a los 57 años. Aunque el certificado oficial de defunción atribuye su muerte a una “hemorragia cerebral”, las investigaciones históricas y los testimonios del campo revelan una realidad mucho más oscura: una muerte derivada de las condiciones extremas de trabajo forzado, la desnutrición crónica, el frío intenso y la absoluta desatención sanitaria que imperaba en el centro.

“No buscamos revancha, sino justicia”

Durante su intervención, la consejera vasca María Jesús San José ha subrayado el compromiso de las instituciones con la verdad. “Manuel fue arrancado de su pueblo y de su familia cuando muchos creían que lo peor había pasado. Tras un largo y doloroso peregrinaje por campos de concentración, murió de hambre y frío”, recordó con dureza. San José defendió que las políticas de memoria no son actos de confrontación, sino de salud democrática: “No buscamos revancha, sino justicia. Debemos explicar a los jóvenes que el único delito de estas personas fue defender la igualdad o el reparto justo de la tierra”.

Por su parte, el vicepresidente segundo de Castilla-La Mancha, José Manuel Caballero, protagonizó uno de los momentos más emotivos al pedir disculpas, “en nombre del Estado español”, por el retraso de más de 85 años y cuatro décadas de democracia en ofrecer una respuesta a la familia. “Llegamos tarde para resarcir el daño, pero estos actos no abren heridas; ayudan a cerrarlas definitivamente”, afirmó Caballero, recordando que solo en la provincia de Ciudad Real se contabilizaron más de 4.000 represaliados una vez finalizada la guerra.

El fin de un silencio generacional

La voz de la familia la puso Encarna Donoso León, nieta de Manuel, quien agradeció el esfuerzo científico e institucional que ha permitido identificar los restos mediante cotejo de ADN. Durante el acto se proyectó un vídeo que rescataba la memoria íntima del fallecido: el recuerdo de su hija, que con solo diez años caminaba kilómetros a pie desde Valenzuela hasta Almagro para llevarle comida a la cárcel, hasta que un día le dijeron que su padre “ya no estaba allí”.

“Mi abuelo podrá descansar junto a los suyos después de más de ocho décadas”, afirmó Encarna, poniendo fin a una etapa de “incertidumbre y silencio”. Manuel León Gómez, enterrado originalmente en una fosa común sin nombre, recupera hoy su identidad y su lugar en la historia de su pueblo.

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